La Fundación Para la Confianza, organización creada en el año 2010 por James Hamilton, Juan Carlos Cruz, José Andrés Murillo (víctimas del exsacerdote Karadima), y Juan Pablo Hermosilla para enfrentar el abuso sexual en contextos de confianza, dio a conocer durante el mes de diciembre de 2018, los resultados del estudio Prevalencia del abuso sexual en la Región Metropolitana. Éste, aborda uno de los problemas de salud más graves que enfrentan las personas, tanto por su alcance epidemiológico como por las consecuencias que de éstos se derivan. Según se informa en el reporte, el abuso sexual es una grave vulneración de derechos que daña la supervivencia, dignidad, integridad, salud y el desarrollo de un niño o niña, generando efectos a corto y largo plazo, muchos de ellos imborrables.

Uno de los aportes de este estudio es que permite aproximarse al conocimiento de aquella “cifra negra” resultante de todos aquellos casos en que los abusos no son denunciados y/o tratados. Dicha situación ocurre, en parte, debido a que la mayoría de los abusos son cometidos ya sea por conocidos o familiares, lo que genera que la problemática sea aun más compleja de abordar, tanto para el niño/a, la familia como por la sociedad, y por ende, resulte más difícil de investigar. Además, la develación por parte de la víctima suele ser tardía, no produciéndose mientras se están produciendo los abusos, por lo que el promedio de edad en que esto ocurre es en torno a los 26 años.

Asimismo, el estudio contribuye a un mejor conocimiento del fenómeno pues considera una definición más comprensiva del concepto de abuso sexual infantil al incorporar en el cuestionario dimensiones para comprenderlo más integralmente. Así, los resultados muestran que un 30% de los adultos y adultas encuestadas declara haber sido víctima de alguna situación de abuso. Ello ocurre en mayor medida en el caso de las mujeres donde dicho porcentaje aumenta al 39%.

Del total de personas que declara haber sido violentado sexualmente, el 73% indica haber sido abusado (mediante toqueteos, manoseos, y proposiciones sexuales verbales), el 2% haber sido violado (anal o vaginalmente), mientras que el 12% manifiesta haber sufrido abuso y violación, lo que significa que el 14% de las personas violentadas fueron violadas.

Parte de los datos más relevantes a la vez que desconcertantes muestra que, sin distinción de sexo o nivel socioeconómico, la edad promedio en que las personas declaran haber sido violentadas sexualmente en la infancia es en torno a los 10 años. En el 66% de los casos, los abusos fueron reiterados (ocurrieron más de una vez).

Prácticamente, la mitad de las personas nunca se lo contó a alguien, siendo este porcentaje mayor en el caso de los hombres. En el 88% de los casos nunca se hizo una denuncia, no existiendo diferencias entre mujeres y hombres, pero sí por nivel socioeconómico, lo que indica que las personas del segmento D (menor nivel socioeconómico) son quienes están más dispuestas a ello.

Por último, resulta altamente desolador que solo el 7% de las personas violentadas sexualmente durante la infancia haya recibido alguna vez atención especializada para tratar la situación.

Ficha metodológica del estudio
Muestra 643 (146 papel y 497 panel online).
Cuestionario estructurado autoaplicado personas mayores de 18 años que viven en la Región Metropolitana.
Error muestral: 3,9 (I.C 95%).
Muestreo probabilístico multietápico por manzana y hogar, sistemático.

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