El pasado 3 de noviembre se llevó a cabo la celebración anual del día del Pequeño ayudante, instancia en que nuestros pequeños hijos, sobrinos y nietos, se toman el palacio de tribunales para entregar esa energía que los caracteriza.

Luego del lanzamiento inicial dado por el Presidente de la Excma. Corte Suprema, y de la foto oficial junto a un montón de personajes, tales como Mickey, princesas de Disney junto a nuestros emblemáticos Justo y Justina, es que se dio inicio a una entretenida jornada, que contó con la instalación de castillos inflables, camas elásticas, pintacaritas… es decir, todo lo necesario para que los niños y niñas puedan dejar volar su imaginación, jugar unos con otros sin importar de dónde vienen o cómo lucen.
Esta actividad, nos ayuda a considerar, viendo las caras de nuestros pequeños, en cuánto debemos aprender de ellos, como por ejemplo, concentrar nuestra energía en lo que nos hace bien, y contagiarnos con la inocencia y alegría que ellos transmiten. No dejemos que esas responsabilidades que se mantienen dando vueltas en nuestra mente, nos consuman el tiempo de calidad que tenemos para entregar al otro. Porque nuestros niños no necesitan al mejor trabajador o al mejor jefe. Nuestros niños no necesitan vernos llegar cabizbajos, aunque estemos cansados. Nuestros niños necesitan libertad, tiempo de calidad, papás y mamás sonrientes, sino, cómo van a tener ganas de crecer, si crecer es estar amargado la mayor parte del tiempo? Debemos dedicarnos, y no caer en reemplazarles un cuento en la noche por un celular moderno, no reemplazar un volantín en el parque, una pelota en la plaza por un computador o un videojuego. Es cuando son pequeños que más nos necesitan, y debemos decidirnos a que sean siempre nuestra prioridad. Si tomamos la valiente decisión de traerlos a este mundo, encarguémonos de que su paso por éste, sea lo más grato posible. En un abrir y cerrar de ojos, ellos estarán donde ustedes están ahora, así que pregúntense, ¿Cómo queremos que nuestros hijos recuerden sus años más preciados? ¿Agradecerán más un juguete caro, o un padre o madre que acurruca…?